17 may 2011

Zoología Razonable


    Fue una de esas mañanas que sales pronto de casa y con una amplia sonrisa puesta en la cara, porque sabes que vas a aprovechar el día con los tuyos. Es tu momento, es boda-fón, el suyo y el de todos a la vez; es como un premio, un trofeo que levantamos con gran ilusión, orgullosos de lo campeones que nos sentimos por algo tan nimio como ir todos juntos al zoo un domingo cualquiera. Es curioso, las cosas que menos visitas son las que más cerca tienes, quizás porque la mejor excusa para ir a zoolandia es con un niño de la mano, o con esos primos lejanos que vienen a verte una vez a las mil.

Tenía que haber ido antes, lo reconozco, es una auténtica maravilla: naturaleza viva y faunas en libertad. Así da gusto, es la vida sin barrotes, sin ataduras. Parezco Mercedes Milá....(sic). Y los animalicos parece que se sienten como en casa, porque es que parece su casa de verdad, (la recreación de Kenia para el hábitat de los elefantes es impresionante) así como las grandes rocas donde viven papá y mamá león, pasando por las vitrinas de los animales más pequeños hasta la magnífica exhibición de aves rapaces y exóticas en el anfiteatro. Mención especial para los lémures y las mangostas enanas, te dan ganas de llevarte uno dentro de la mochila.

Si de algo podemos estar orgullosos los valencianos es de tener un zoo cómo éste, donde la vida se sigue abriendo paso sin jaulas ni cuerdas. Llama la atención el comportamiento de un rinoceronte, Rómulo, que actúa como si todavía estuviera en su habitáculo de apenas 18 metros de diámetro de Viveros. Estuvo casi 30 años así, y así se había quedado. Los veterinarios del parque están tratándolo para que el pobre animal pueda disfrutar de su nueva casa, y lo están consiguiendo. Porque es el parque de la vida, es el bio-parc. Altamente recomendable, hasta sin niño en la mano si hace falta.

Dvde dixit

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